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la estación fantasma

24 febrero 2005

L´Alpha Art


Niñoooooooo, ¿ande has metío la escaleraaaa?

Pues sí, para acabar de espantarles admitiré que en La estación gusta mucho el arte, entendiendo como arte eso que se exhibe en los museos y salas de exposición y distinguible de lo que no lo es porque lleva un cartelito debajo o al lado. Me produce placer estético, me hace pensar e imaginar, me divierte, me cabrea y hasta me da mucha risa. Así que no puedo evitar recomendarles las obras del dúo suizo Peter Fischli y David Weiss incluidas en la exposición Comtemporánea de la Fundación Juan March en la calle Castelló 77 de Madrid.

Impagable es la obra "Como funcionan las cosas" una filmación de uno de esos mecanismos de reacción en cadena tipo "tiro del cordel, dispara el dardo, explota el globo, baja la pelotita, golpea la pieza de dominó y saltan las tostadas" llevado al extremo. Trabajando con materiales de desecho, estos dos pajeros, pitagorines del bricolaje de vertedero (me los imagino con sus primeros experimentos infantiles, pobres madres), se curran un mecanismo como el antes narrado pero que dura nada menos que media hora. Absolutamente hipnótico y no exento de sentido del humor, no tengo ni idea de lo que quiere comunicarnos, pero es tremendamente divertido de ver y hasta arranca un par de carcajadas.

Asimismo son recomendables los otros dos montajes de la pareja. En "Sin título" (qué obvio) se expone una instalación de doce televisores proyectando grabaciones robadas a la vida cotidiana, desde el entretenido proceso de cotillear cómo se cocina en un restaurante a contemplar un plácido gato dormitando o el relajante panorama de los suburbios industriales de una ciudad suiza vista desde el tren. La obra incluye un dispensador de agua y sillas para comodidad del visitante. Y en "Canal-Vídeo", se proyecta el viaje de una cámara automatizada por un estrecho túnel del alcantarillado, eterno como estar perdido en una cinta de Moebius pero con un puntillo terrorífico.

El resto de la exposición tiene sus cosas buenas, malas, incomprensibles y hasta ridículas, pero eso se lo dejo a su exquisito criterio.

Ah, y es gratis, hasta el 4 de abril. Así que ya tienen una excusa cultural para salir a pasear al sol y tomar un café mientras leen el periódico, que es lo que realmente tiene importancia un domingo por la mañana.