25 agosto 2005

Mi nombre es Roco Vargas



Como seguramente habrán leído ya en La cárcel de papel, mañana sale en el coleccionable de cómic de El País el maravilloso álbum de Daniel Torres, La estrella lejana. Y aunque no me gusta repetir temas tratados en otros blogs, sobre todo si son tan seguidos como La cárcel, con La estrella... me gustaría hacer una excepción.

La estrella lejana es el cuarto y último de los álbumes clásicos de Las aventuras siderales de Roco Vargas, antes de su retorno de hace unos años, retorno innecesario para el personaje (puesto que su historia ya está totalmente contada y resuelta al final de La estrella lejana) y del que no me voy a ocupar aquí.

La serie se inicia en 1984 con Tritón, un álbum donde Torres se encuentra todavía bajo la influencia total de Miguel Calatayud en lo gráfico pero que sigue la escuela del tebeo de aventuras de toda la vida en lo narrativo. La historia no es más que un pastiche posmoderno de cachondeo a costa de la ciencia ficción más clásica de los años treinta, (el malo es un oriental del espacio que se llama Mung, no les digo más). Predominando el interés gráfico, el álbum, ligero y de divertidos diálogos, es como tomarse un martini con media sonrisa y la ceja levantada y no presagia en absoluto la evolución que llegaría después. En esta historia, Roco se nos presenta como un aventurero espacial retirado con los rasgos de Clark Gable que lleva una doble vida regentando el exclusivo club Mongo y escribiendo pulp de ciencia ficción bajo el seudónimo de Armando Mistral. Incluso tiene un mayordomo negr..., digooo, verde y marciano para más señas. La acción transcurre en un sistema solar de broma habitado por mercurianos, venusianos, marcianos..., en un ejercicio de revisión irónica de la cf de los años veinte y treinta, desde, por supuesto el Flash Gordon de Raymond, hasta los seriales de Buck Rogers pasando por la space opera de Van Vogt e, incluso, Burroughs (el de Tarzán, no el otro) bañado todo en la estética retrofuturista del Fritz Lang de Metrópolis o La mujer en la luna y los arquitectos locos de las vanguardias de los años veinte.




Posteriormente llegarían El misterio de susurro y Saxxon. Lo primero que sorprende en El misterio de susurro es la evolución gráfica de Torres, ya totalmente alejado del maestro Calatayud. Abandonando el rotring por el pincel, este tebeo ya pertenece al estilo más reconocible de Torres; línea clara y rotunda de maneras más "clásicas" (al estilo Jacobs, para entendernos) al servicio de una trepidante historia de ciencia ficción, aventuras exóticas y espionaje en la que aún pervive el uso irónico de los elementos de la novela popular (ese detective pulp noir que aparece) y, por supuesto, plagada de sentido del humor. Pero donde se nota ya cierto cambio de tono, más "serio" como nubes que presagiaran tormenta. Tormenta que se desata con furia en Saxxon, la segunda parte de Misterio... donde los acontecimientos ya apelan al interior de Roco como personaje, a su pasado y sus emociones. Cambio radical respecto al primer álbum en el que no era más que un cliché irónico con el que jugar a la descontextualización pop. Y en el apoteósico y demoledor final nos damos cuenta que ahora hay tragedia, la muerte y la desolación aparecen y el juego lúdico postmoderno referencial se abandona absolutamente para contarnos algo que realmente importa, que afecta a los protagonistas y, por supuesto, al lector.

Y por fin La estrella lejana. Este álbum, es sin duda uno de mis tebeos españoles favoritos de todos los tiempos, parece hecho por y para los que arrastramos una pasión por la ciencia ficción y las historietas desde la infancia como ese Vargas chaval, contemplando lleno de maravilla y asombro las estrellas mientras aferra un tebeo de Flash Gordon. Un relato crepuscular donde se revisa el pasado aventurero de Roco en un enorme flashback que abarca todos los hechos que le han convertido en quien es. Maravillosamente dibujado por un Torres pletórico, impecable, de un acabado inhumanamente perfecto y extremadamente esteticista de maravillosos colores planos a lo Chaland (esos diseños arquitectónicos de ciudades, naves, robots y demás parafernalia retrofuturista son deliciosos). Pero que a pesar de esa pulcritud formal logra emocionar, tiñendo las páginas de una profunda nostalgia y tristeza por un universo perdido, un mundo de aventuras que no volverá jamás, un pasado idealizado, cristalizado en las novelas, tebeos y películas de la infancia. Y terminado el viaje, Roco, un poco como nosotros al crecer, se alza como un personaje por fin tridimensional, en el otro extremo de aquel cliché irónico del principio. Ahora ya no es ese Flash Gordon con el rostro de Clark Gable, ni Armando Mistral el escritor y bon vivant, ni un aventurero sideral. Ahora es, simplemente, Roco Vargas, un hombre.

Blablablablablabla, bah, palabrería. Que es una maravilla, coñe. Y por unos miserables cinco euros de nada, a quien no se lo compre le retiro la palabra. Hala.




3 comentarios:

Baldanders dijo...

Estimado Fonz: Excelente blog, me alegro de haberlo conocido, de ahora en más lo tendré en cuenta para visitarlo a menudo. También le agradezco, aunque odie nuestro triunfo, estar entre sus enlaces. Hasta pronto.

Anónimo dijo...

Roco Vargas... ¡Ah! Para mí Tritón fue un descubrimiento deslumbrante, y a pesar de lo que le debe a Calatayud y ese tono tan superficial que acaba quedando de su lectura, me sigue fascinando.

Aunque después, como dices, sería mejor, mucho mejor...

fonz dijo...

Estimado baldaners,

Como gran tragaldabas que soy no puedo sino añadirle a mi lista de enlaces y admirarle y envidiarle por su magnífico blog (de ahí que le odie, jejeje).

Sus últimos post sobre la gastronomía medieval son de enmarcar y gracias a ellos he conseguido corregir mis modales en la mesa. Ahora ya miro a mi espalda antes de escupir y no me quedo babeando con los escotes de mis comensales de género femenino, con lo que mis relaciones sociales han mejorado hasta límites inimaginables.

Para los demás visiten la trattoria on line sin falta: saberes, sabores y filetes empanados con corn flakes, ¿se puede pedir más?

Cinco novelas de 2023