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la estación fantasma

20 julio 2005

La música de las fábricas abandonadas



Hace unas semanas bajamos a Madrid durante un par de días por motivos familiares y, ya que estábamos, darnos un homenaje metiéndonos entre pecho y espalda unas bravas con oreja, grasientas como sólo las saben hacer en el Callejón del Gato (y luego postre y café al lado, en la cafetería Suiza de la Plaza de Santa Ana). El caso es que, para no sentir que vivimos exclusivamente para darle gusto al estómago, buscamos una excusa cultural con la que ganarnos la bendición de nuestras conciencias y atiborrarnos sin remordimientos de castizas guarreridas de comer.

Así que, Guia del Ocio en pantalla arrastré a la sufrida con la milonga de la cena a la exposición fotográfica de Berdn & Hilla Becher que se celebraba (y aún se celebra hasta el 7 de agosto) en la Gran via (Centro de Arte de la Fundación Terrorfónica). Y como ya habrán adivinado los más espabilados después de ver la foto de arriba, B&H se dedican exlusivamente a inmortalizar edificios industriales abandonados; altos hornos, minas, depósitos de agua, pozos, silos..., ruinas del futuro amenazadas por el desguace y el óxido. Una atrevida idea para el panorama artístico de finales de los cincuenta, originada durante la infancia de Bernd (cómo no) en la ciudad minera alemana de Siegen, que se vio lentamente desguazada en un proceso temprano de reconversión industrial.

Uno no gana para rarezas pero no puedo evitarlo, me tiraría horas vagando por lugares abandonados; las fábricas, las naves industriales, los depósitos cubiertos de carteles anunciando circos del invierno, las estaciones de tren del fin del mundo. Son lugares sin tiempo, donde todo termina, que nos permiten vislumbrar el presente desde un futuro inmutable e indiferente, a la vez que sirven de mapa de nuestro paisaje interior. Son como esas plataformas de lanzamiento de cohetes roídas por el óxido o esos hoteles de piscinas vacías de los relatos de Ballard; ideogramas de un alfabeto que parece creado exclusivamente para codificar el lenguaje de la memoria y la melancolía. Además, como lector de ciencia ficción, estas ruinas que legamos al futuro me recuerdan los paisajes de la inmensa ciudadela de Nessus de Gene Wolfe o el Viriconium de Harrison, lugares extraños, mágicos y misteriosos.

En las fotografías de B&H, los edificios aparecen desnudos ante el ojo, en blanco y negro, sobriamente expuestos como en el catálogo comercial de una subasta de desechos inmobiliarios. Combinados tanto en cuadrículas o, como en las impresionantes instantáneas de altos hornos, en una única fotografía de una bestia furiosa y dormida, la sencillez en la presentación agudiza aún más esa sensación de estar ante las silenciosas ruinas de un futuro que ya no nos recuerda.

En fin, que si pasan por la amada capital, échenle un vistazo, es gratis y merece la pena. Y el Centro de Arte con su Museo de las Telecomunicaciones también es interesante. Y si no están tan locos como para andar por Madrid en pleno julio-agosto, pueden hacer una sencilla búsqueda en el Imágenes de Google para degustar diversas muestras del arte de esta pareja (pongan "Bernd Becher" simplemente). Y si les quedan ganas aún hay más locos de las fábricas abandonadas como Industrial Night And Magic sobre una Europa industrial (y su mano de obra) que desaparece (no se pierdan el tour nocturno en la planta de Zollverein). O el más lírico Alexey Tikhonov (ese barco varado en las tripas de una fábrica desguazada es irresistible). Por no hablar de Abandoned Places. Porque si algo bueno tiene internet es que, por muy rara que sea tu obsesión, siempre encuentras a alguien que la comparte.



Actualización

Heiko Hebig de Industrial Night And Magic enlaza las fantásticas fotografías de Alexey Tikhonov via este su blog. Nada más comentarles que Heiko también mantiene un blog con estupendas fotografías de maquinaria en vías de extinción que merece mucho la pena para quien guste de estas cosas.