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la estación fantasma

04 febrero 2006

Cuatro meses en tebeos

Bueno, pues en estos meses de ausencia se han editado muchas cosas en esto de los tebeos, que ya sabemos que van las novedades como locas. Así que como son muchos, pero muchos, a ver si consigo lucir mi capacidad de síntesis (ja, ja), se los comento de plumazo en un post y a otra cosa. Así que venga, rapidito.

Empezamos con los alegres supertipos en esquijama, pero por el bien de ustedes lectores; así acaban antes y se pueden saltar el resto del artículo. Lo mejor que me he echado a las pupilas últimamente es la reedición del Capitán Britania de Alan Moore y Alan Davis. No, no es una indirecta sobre la muerte de los tebeos superhéroes y tal (eso ya lo hace, o lo intenta, Milligan en X-Statix), simplemente es la constatación evidente de la inmensa importancia de la figura de Moore en el género. Pero es que es irresistible, el género Moore ya con todas sus futuras constantes: toneladas de ideas, actualización de conceptos, recursos de cf sabiamente aplicados al género, terrible amenaza in crescendo, apocalíptica batalla final... El borrador de lo que serían muchas de sus obras superhéroicas posteriores aguanta perfectamente como un gran tebeo de entretenimiento. Asimismo es interesante ser testigos de la evolución de un primerizo Alan Davis, luchando para superar su torpeza inicial y acabar como ese maestro del realismo estilizado y clásico, heredero de Neal Adams, nacido para dibujar superhombres. Imprescindible, y si pueden intenten conseguir la anterior edición Forum que incluye los primeros episodios guionizados por Dave Thorpe, pues así se centrarán mejor en la historia.

Casi entre la indiferencia general acaba X-Statix, el tebeo que ofrecía esa innovación siempre reclamada por lectores que lo que en el fondo quieren es leer una y otra vez lo mismo. Sin crear escuela (lamentablemente) y terminado a trancas y barrancas entre múltiples problemas, Milligan y Allred nos ofrecen un enfrentamiento con los Vengadores que recuerda una mezcla bizarra de aquel demencial Contest of Champions con los antiguos crossovers de X-Men/Vengadores. El resultado no carece de auténticos momentos de mala leche, como el flirteo entre Ojo de Halcón y Vivisector que disfrutan de los mejores diálogos (hablando sobre los problemas de África y los africanos Halcón dice: "¿Qué le pasa a esta gente?, ¿porqué no pueden ser un poco más como nosotros?"). De todas maneras el crossover es un simple tobogán para acabar de una vez en un último número entre lo emotivo y lo absurdo en el que Milligan concede a sus criaturas un clímax épico que traicionaría el espíritu de la serie si no fuera porque es todo tan absurdo, tan de cualquier manera, tan irónica y frívolamente nihilista ("¿Alguna vez ha importado?", llega a comentar Mr. Sensible en el fragor de la batalla), que se adivina cierta reflexión amarga que va más allá de la situación vital de los personajes del tebeo, una reflexión sobre la trayectoria de la colección en particular y del estado del género en general. Y al final todo lo que queda es un teatro vacío, el escenario de la última batalla de los X-Statix no es más que un panel pintado, una representación, una farsa. Después de este final tan abrupto, seco y desolador por parte de Milligan no sé como nadie va a tener el cuajo de tomarse en serio su Patrulla X.

Más moderneces nos ofrecen Grant Morrison y Frank Quitely en We3, una salvaje reinterpretación del cuentecillo de los músicos de Bremen pero en ultratecnológico, narrándonos la historia de tres animales que han sufrido los excesos de los experimentos del complejo militar-industrial y escapan buscando la libertad, la seguridad y el calor de una buena manta. Morrison salva la difícil tarea de hacernos empatizar con tres personajes que apenas hablan y realmente te importa lo que les pasa (aunque quizá es que a mí me gusten mucho los animales). Pero el final feliz y el abuso de algunos tópicos ya muy vistos (ese bulldog asesino, por ejemplo), traiciona el aire fatal de la aventura. De todas maneras lo importante aquí es el cómo se cuenta y Quitely, una debilidad personal que me gustaría hasta dibujando un tebeo de los Osos Amorosos vs Aliens, se luce con una narrativa que lleva el espectáculo hasta el límite del videojuego 3D, es el puto amo del espacio y el tiempo.

En el otro extremo, The New Frontier, de Darwin Cooke es un tebeo nostálgico casi exclusivamente dirigido por/para aficionados al mundo DC. Siendo este tema de la revisión nostálgica un subgénero ya como cualquier otro, en lo suyo el tebeo está muy bien y eso que yo no soy precisamente un experto en DC. Entretenido tapiz de la transición Edad de Oro - Edad de Plata, funciona perfectamente como tebeo de aventuras retro con ocasionales apariciones de conocidos superhéroes que, en ese ambiente, agudizan el sentido de la extrañeza y la maravilla. Todo estupendamente dibujado por Cooke, un discípulo de Kirby vía Bruce Timm que se hubiera empapado de Chaland o el mismo Daniel Torres. Eso sí, dicen que el segundo tomo naufraga totalmente, ya veremos.

Asimismo en el mundo de las mallas sudadas son recomendables los tomitos de las Aventuras de Batman donde se demuestra de nuevo que la sencillez y la falta de pretensiones son las mejores armas para divertir y entretener, que te recuerdan un poco la emoción infantil de sentirse totalmente absorbido por un tebeo, las mejores historias de Batman que he leído en mucho tiempo. Y por supuesto, El Cuarto Mundo de Kirby (básicamente Los Nuevos Dioses, que es lo que me he re-leído de la edición Planetoide). A pesar de unos diálogos esculpidos en plomo en el libro de granito de la épica más desmelenada y de una imaginación desquiciada que decididamente necesitaba alguien que le dijera aquello de "quizá esto no sea tan buena idea" (el esquiador con yelmo tiene tela), en Los Nuevos Dioses encontraréis alguna de las mejores historias del Rey como la fuerza apabullante de El barco de la gloria o El Pacto. En fin, la ópera superheróica definitiva con unos dibujos más grandes que la vida (vale, yo también odio a Vince Colletta), capaces de hacer temblar las placas tectónicas a base de pura energía cósmica.

En la frontera entre los superhéroes y una cosa más presentable en sociedad, Planeta ha retomado alguna de las series que dieron origen, lustre y nombre a Vértigo, en el revival ochentas que viven en esa santa casa (después de la pérdida de los derechos de Marvel a la fuerza ahorcan).

Hellblazer de Delano y Ridgway fue el primer derivado de la seminal La Cosa del Pantano de Alan Moore, Bissette y Totleben y más o menos, en los primeros números mantiene esa constante. Una historia de terror global (en pocas páginas viajamos de UK al desierto africano y finalmente NY) con toques de crítica social y unos textos de apoyo muy literarios en la línea del propio Moore. Textos que no han envejecido demasiado bien, es cierto (éste es uno de los motivos por los que nunca me he atrevido a releer La Cosa del Pantano desde hace unos años) pero la historia es buena a pesar de cierta moralina que parece una constante en toda historia de terror que se precie. Y, sobre todo, se impone el retrato triste y atormentado de un Constantine acosado por sus fantasmas, incapaz de llevar una vida normal, resignado a ser mago por incapacidad para ser otra cosa. Retratro bastante más atractivo que el cínico cabrón de réplica ingeniosa, parodia de sí mismo en que acabó convirtiéndose. El dibujo feísta de Ridgway es perfecto para retratar esa Inglaterra mágica pero sórdida y gris, asfixiante, thatcheriana, como de cuento de M. John Harrison, de la que uno no puede sino luchar por huir.

Shade de Milligan y Bachalo (o Bacalao como le llama cariñosamente el amigo Llosef) es una road movie a través de la cultura popular norteamericana, su inconsciente colectivo y las neurosis que alberga. Un estudio sobre como dicho inconsciente colectivo moldea nuestra propia psique, en cuanto seres individuales. A veces fascinante, a veces un poco pesao, a ratos parece que no encuentra dirección clara, pero al menos es bastante entretenido en general. El Bacalao pues ni narra ni dibuja demasiado bien, aunque por el número tres, que es el último que obra en mi poder, ya ha mejorado bastante.

Y por supuesto la Doom Patrol, de Morrison y un dibujante de cuyo nombre no quiero acordarme. Siendo este un tebeo que me convirtió en lo que soy ya tendrá su correspondiente artículo. Simplemente comentar que es la Patrulla X de los feos los raros y los tontos, apología de la diferencia y la extrañeza, muy lejos del glamour un poco cargante de Los Invisibles. A la vez juguetería mágica, cuento para niños, tebeo postmoderno definitivo, batidora sicotrónica de todas las referencias más cool que te puedas echar a la cara, pedante, original, desquiciado, mágico, divertidísimo y finalmente enternecedor, es mi tebeo favorito de Morrison y el que marcó cierta guía para sus trabajos posteriores (los más atentos podrán comprobar como Morrison, al menos en esta serie, tenía todas las sorpresas planeadas). La edición de Planeta un desastre, los tomitos estos son cutrísimos y dos números por entrega saben a muy poco. Encima sin artículos introductorios a la serie ni absolutamente nada de información, dejada a la interactividad de los lectores, un desastre.

Ya pasando a la intelectualidad pura y dura. Las aventuras de Hiram Lowatt y Plácido: Los ogros de David B y Blain es un impactante tebeo de aventuras en el Klondike en la estela de los mejores relatos de Jack London. Después de la aventura de Hop Frog, entre el surrealismo y la comedia, este volumen (que se puede leer de forma absolutamente independiente) transcurre en un pueblo de Alaska en un cargado ambiente malrollista. Canibalismo, indios que han encontrado la idea de justicia en novelas del oeste de a duro y sobre todo la idea de una Naturaleza salvaje, oscura y primigenia que, como en El corazón de las tinieblas se apodera y enloquece a quien se interna en ella e intenta domeñarla. Blain, por supuesto, se sale creando con su pluma nerviosa y cortante una atmósfera terrible y ominosa, rozando el expresionismo casi desagradable, lejos ya de los empalagosos colores pastel de Hop Frog.

Más cálido es, sin duda, Golondrino ama a Venancia de Abel Ippolito, que por fin ha caído en mis manos rebaja mediante (se publicó hace años a un precio que me echó p´atras en diversas ocasiones). Inteligentísima integración del lenguaje del tebeo japonés en una historia de inconfundible sabor rural español, Ippolito construye una emotiva pero dramática historia de amor con únicamente cuatro personajes, dos animales parlantes y un espantapájaros. Divertidísimo y tierno, un tebeo sobre sentimientos, pillénselo sin dudarlo si lo ven por ahí.

Yaquestamos bordeando las prósperas costas del manga, nueva entrega de Hideshi Hino, el trastornado autor de La serpiente roja. De nuevo investigando ese pozo sin fondo que son los traumas de la infancia mediante la historia de un chiquillo abandonado, que, como un Gregorio Samsa cualquiera, aparece un día convertido en un repugnante gusano (a ver quién no ha tenido un día así malo). Rechazado por su familia, compañeros, incluso por los animales a los que tenía por únicos amigos, acaba interiorizando su monstruosidad; si todo el mundo le trata como un monstruo acabará actuando como tal. Y lo que superficialmente parece una historia de terror gore no es más que un trístisimo cuento sobre la monstruosidad interior y exterior. Pero triste a lo japonés, o sea, una cosa pasadísima de rosca, como la versión oscura y perversa de aquellos cuentos troquelados de la infancia que ya de por sí tenían tela (el torpe dibujo de Hino contribuye a reforzar esta impresión). Pero que aún así enternece, y sobre todo, da una pena tremenda. Pero de llorar, ¿eh?

Exterior noche de Gipi, la última sensación de la historieta europea es una recopilación de historias cortas realizadas a lo largo de varios años, de un fastuoso y complicado grafismo (ejemplos aquí) al servicio de unas historias que van desde la cotidianeidad de barrio hasta la denuncia social o la anécdota insustancial. La descompensación entre lo que se nos cuenta y el trabajado y espectacular grafismo es elevado y casi ninguna de las historias pasa de anecdotilla (incluso hay alguna que me ha resultado irritante por pretenciosa, como Muttererde donde la tensión entre viñetas y texto en plan relato ilustrado llega a cansar sobremanera). A excepción de La calle de las Adelfas, un fantástico relato sobre un acontecimiento espantoso que se nos escamotea, centrándose en los momentos previos, en la añoranza de como era todo antes de que el mundo se quebrara, en la inocua cotidianeidad de un día absolutamente normal que terminará de forma terrible.

Insisto e insisto con Muñoz y Sampayo y no puedo con ellos, esto es un problema mío sin duda, como me ocurre con John Crowley, Alfred Hitchcock o John Coltrane. En esta ocasión se trata de El libro, un relato sobre eso mismo, un libro de ajedrez misterioso. Nazis, la convulsa historia política de Argentina en el siglo XX, ajedrez, bibliofilia... Lo que en un principio parece un relato vagamente borgiano sobre un misterioso y buscado volumen, termina como una trama a medio camino del thriller y la novela negra de aire político, una indefinición que convierte a la obra en algo en apariencia disperso, sin una dirección clara, de un decepcionante final que deja demasiado a las claras que el misterio central que nos ha ocupado casi todo el tebeo es un mcguffin insustancial. Incluso en ciertos momentos es de un maniqueísmo muy poco sutil, como ese librero materialista, ignorante y malvado que compra al protagonista su preciada biblioteca (su alma) por una cifra misérrima aprovechando su difícil circunstancia personal. Por supuesto dicho librero acaba fatal, recibiendo su justo merecido al final. Por lo demás José Muñoz luce un grafismo que dejaría con la boca abierta a cualquier experto en arte moderno, pero que, a ratos, se convierte en un narrador densísimo y difícil de seguir.

Y lo mejor para el final, Capital de provincias del dolor de Santiago Valenzuela. Acaba el asedio de Deneeim, primer ciclo de las aventuras de Torrezno, de la forma más épica y apoteósica que se pueda imaginar con un Torrezno ya redimido totalmente de su pasada vida como desecho social de barra de bar. Emociona verle totalmente cumplida su transformación personal, luchando como un jabato sin comer ni dormir, contra toda esperanza ante el último asalto de las huestes de Hobayashi y luciendo ese "esprit" típicamente español ("¡Y un huevo!", "¡Hasta la victoria siempre, tronco!"). Además de tanta épica, acción y aventura, Valenzuela, mediante una ejemplar conversación entre Hobayashi y Tsensei el escritor y cronista de la campaña militar del Gran Khan, reflexiona sobre la cosmogonía, mitología y naturaleza de su micromundo, que también es el nuestro, ahondando en esa extrapolación del mito de la caverna que, como idea de fondo, recorre toda la obra, simbolizada la famosa ocurrencia platónica en ese ventanuco que refleja la luz de una farola pero que para todo un universo diminuto es la misma luz del astro sol. Vamos, que este quinto volumen es la hostia y la mejor noticia de todas es que hay Torrezno para veinte años por lo menos.

Arf, arf, todavía me quedan cosillas en el tintero; Shutterbug Follies de Jason Little (mal), La mujer de la habitación oscura de Michetaro Mochizuki (fatal), Pueblo de Manuel Mota (bastante majo, autor a seguir) el volumen de Piratas de la EC (bueeeeno, como siempre en la EC; dibujantes superlativos a cargo de chistecillos alargados...), Jack Staff: todo solía ser en blanco y negro de Paul Grist (muy requetebién) el Capitán América de Brubaker y Epting (no me lo he leído todavía) o Challengers of the Unknown de Loeb y Sale (psché, lástima de final) y alguno que se me olvida (aunque si se me olvida es que no me interesó demasiado para bien o para mal). Pero lo dejo ya, que les tendré mataos. Yo, por mi parte, me voy a tomar un paquete de aspirinas regado con una docena de Bierzos.

4 Comments:

At 2:14 p. m., Blogger Xoota said...

¡Dosifica, hombre, dosifica!

We3 a mí me encantó, que quieres que te diga. Los pobres animalitos me llegaron, pero sí, lo mejor son las virguerías del Quitely. Lo que dan de sí las 2 dimensiones...
The New Frontier me pareció correcta. Desde el principio hasta el final. Divertida, sin más. Yo la pillé al previews, y me sentó bastante mal que no fuesen tomos tipo "prestigio" sino comic-books de los maluchos, un poco más gordos. Al menos no tenían publicidad. Un apunte, cuando hal jordan habla en coreano, ese coreano es inentendible para un coreano. Cagada del señor Darwin Cooke.
Si no fuera por Shade probablemente no leería tebeos ya. Fue el hito que me llevó, primero a la linea vértigo y luego al independiente. Así que te puedes imaginar lo que me gusta. Incluso una vez escribí un fan fiction que para el baremo de los fan-fiction debió ser muy malo; porque ni me dieron las gracias ni lo publicaron XDDD.
A ver si me pillo ya pero ya el cómic de David B y Blain... Cómo lo habré podido dejar pasar.

Y sobre el torrezno, ¡menos mal que ya reeditan el primer número y me puedo enganchar a la serie! 2 años de búsqueda infructuosa ya tienen su recompensa. A ver si está tan bien como dices.

 
At 8:28 p. m., Blogger Nacho said...

Caballero! Un blog es tener cosas que contar y después irlas soltando con cuentagotas. Esto es derroche intelectualmente violento XD

Empezando por el final, este mes se reedita por fin "Horizontes lejanos", así que empezaré de una vez con Torrezno. Después según vaya pudiendo... porque los cómics se acumulan en mi mesita cosa mala. Y todavía arrastro cosas del Salón de Madrid e, incluso, del último de Barcelona.

Coincido con lo que decís de We3. Sólo por ver lo que hace Quitely en las secuencias de acción merece la pena tener este tebeo. Estoy recordando la primera escaramuza después de escaparse y es de estar alucinado unas cuantas horas.

Capitán Britania... pues es un Moore tirando a menor. Por delante de los tebeos de la Fleetway que le he leído pero (bastante) por detrás del resto. Por ejemplo, a mi me molan mucho más los que hizo Davis alone en "Excalibur" (que, cierto, bebía mucho de esto). Eso sí, como tebeo Marvel es de lo más potente y perdurable que se hizo en los años 80 y ya era hora de que se recuperase. Aunque muchos lectores se están quejando, y con razón, que esta vez se han dejado fuera los primeros números, de David Thorpe. Malillos pero fundamentales para entender el comienzo de la historia.

Como nota friki, también estaría bien que recuperasen las historias posteriares guionizadas por Delano o el propio Davis. No era lo mismo pero no estaban nada mal.

The New Frontier. Voy por la mitad del primer tomo y comparto (joer, me preocupa) vuestras apreciaciones. Aunque a mi me está molando ese tono retro de la serie, con un grafismo bastante Kirby, con menos épica pero más plasticidad. Aunque a mi estos experimentos nostálgicos, como lo poco que hizo Roger Stern en "Relatos del Universo Marvel", me pierden.

Revival Vertigo. Nada más que decir. Aunque el Hellblazer de Delano me pierde. Por ejemplo en el número tres aparece una historia sobre Vietnam y los EE.UU. de veinte años después que es tan terrorífica que te olvidas ese tonillo repipi de canción protesta. Y está contada como sólo alguien que sabe algo de literatura puede hacerlo. Eso sí, la publicación en este formato prestigio no le hace ningún favor porque se pierde, p.e., la continuidad del narrador cuando decide romper la unidad de la página.

Lo de la edición... de un cutre que tira de espaldas. Aunque infiero que detrás del formato prestigio hay una intencionalidad. Si no vende, el siguiente paso sería publicar algún tomo y así, al menos, saldrían más historias.

Ya seguiré más adelante, que tengo que trabajar un poco.

 
At 1:59 p. m., Blogger fonz said...

Y lo agusto que me he quedao soltando todo este post... A ver, por partes.

Xoota,

Ja, que punto lo del coreano, supongo que a Cooke le dió pereza y pasó de todo o se quería hacer el listo como le pasaba a Claremont y sus famosas expresiones en otros idiomas que a veces aparecían con errores ortográficos.

Con Shade te pasará como a mí con Doom Patrol, son tebeos que encajan perfectamente en un sistema mental, que llegan en el momento y el lugar adecuados. Luego claro, llegará alguien , leerá la reseña de la Doom Patrol, se comprará el tebeo y le parecerá cualquier cosa. A mí Shade me gusta, pero si mejorara un poquitín y encontrara una dirección clara sería la leche.

Y con el Torrezno tres cuartos de lo mismo, espero que os mole a todos cuando leáis el primer volumen porque después de toda la barrila que he dado tanto aquí como en cyberdark, como no guste sé de más de uno que me corta los mismísimos...

 
At 2:54 p. m., Anonymous Llosef said...

Apabullante, fonz, de verdad.

Yo sólo comentar que me ENCANTÓ el alucinante enfrentamiento entre el Hombre de Hierro y Mr. Sensible en X-Static. Cómo mofarse de algo sin perder de vista la esencia de los personajes. Una burla despiadada que también es, paradójicamente, un homenaje. O al menos es lo que me pareció. Al leerlo me reía a carcajadas, pero al tiempo no dejaba de pensar (bueno, pensar, pensar, ya sabemos que no, pero casi): "joder, pero si existieran, seguramente sería así".

Una reflexión sobre superhéroes que comienza "pero si existieran" no dice nada bueno de mí, ¿no?

Llosef

 

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