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la estación fantasma

21 junio 2005

Cinefobia


Una simpática instantánea de la santa y un servidor en el momento de escoger película:
- Decidido, vamos a la de Von Trier.

- Pero cariño, nooooooooooooo...


Aprovechando un virus que corre por los blogs, el compañero Nacho nos invoca a servidora y a cuatro colegas más para responder cinco preguntas relacionadas con las pelis. Y como esto de hacer listas mola y es una cosa muy pajera, aquí voy puntualmente con mis respuestas.

Eso sí, uno es como es y no puede limitarse a responder las cinco preguntitas y listo, como un blogero normal. Noooooooo, yo tengo que prologar, justificarme, divagar, darles la paliza en suma. Porque para entender mis respuestas primero hay que tener en cuenta que lo mío con el cine es una relación de amor/odio, que con el tiempo va inclinándose hacia el reverso tenebroso. Y eso que en la adolescencia yo era una máquina de ver películas. Pero en la tele, como todos los que tengan entre los veintimuchos y los treintaytantos. A los más jóvenes les va a parecer como de otro mundo pero cuando yo tenía diez o doce años (y había únicamente dos cadenas televisivas) podías disfrutar de cosas como aquellos ciclos de Chicho Ibáñez Serrador (ese mítico "Mis terrores favoritos"), ciclos de comedias o cine negro los martes, los de directores y actores los jueves, el cine club de madrugada (¡casi todas las madrugadas!) con ese cine intelectual en V.O. que a ti y a mí tanto nos pone. Esa Sesión de Tarde del fin de semana donde te veías unas de aventuras quepaqué o ese Sábado Cine con los peliculones tipo "Esplendor en la hierba" o "La gata sobre el tejado de zinc" que marcaron la juventú de nuestros padres... En fin, eran otros tiempos, más inocentes, en los que se pensaba que la televisión de calidad podía formar el gusto del espectador. Pobrecitos, gracias a Dios el tiempo ha demostrado lo equivocados que estaban. Ahora, el ver películas gratis y buenas en la tele se ha trocado en un pagar por un productivo DVD (productivo para las empresas, primero te vendieron el VHS y ahora te venden lo mismo pero en disquito) o el canal de pago que toque.

No, no discuten sobre Von Trier. Rosalind Russell y Cary Grant en "Luna nueva"

Según iba pasando el tiempo (y me iba volviendo cada vez más cascarrabias pero no más sabio) me he ido cansando del cine, ya todas las películas me parecen mediocres y sin gracia y al salir del cine me comporto como el abuelo Simpson, murmurando para lo bajo; "estapelículaesunamierdaymiracomolesgustatodoelmundoesidiotamenosyo". Todo ello bajo los efectos de una indigestión de palomitas o gominolas totalmente roto después de tres horas de soportar un "Retorno del Rey", un "Troya" o un "Spiderman 2". De todo lo que veo en un año me gustan tres o cuatro películas máximo y el resto se me olvidan a no ser que sean espectacularmente ridículas ("Ringu") o espectacularmente malas (es difícil olvidar una película de Manoel de Oliveira por ejemplo, toda una experiencia muy recomendable de superar al menos una vez en la vida para templar el espíritu, como la extracción de tres muelas o una peritonitis).

No sé porqué me ocurre esto, sin duda es una carencia mía porque a mi alrededor todo el mundo está encantado con el cine. Y así he acabado por ser el espectador con menos prejuicios para el séptimo arte que existe; detesto todas las cinematografías mundiales por igual. Lo mismo me da una superproducción hollywoodense siempre contando la misma historia que una independiente que torpemente oculta con palabrería la falta absoluta y alarmante de talento o las de serie gore Z que es lo mismo que una comercial pero en (más) tontorrón. Ni las europeas, nadando siempre entre el aburrimiento de un cine comprometido e "intelectual" cutre y mal rodado y la torpe imitación del cine norteamericano. Y no digamos las prestigiosas películas del tercer mundo o mi última bestia negra, el cine oriental.

Así que hecha la oportuna aclaración comenzamos:

Número de pelis: Compradas creo que tengo tres en VHS y a estas alturas mi madre las habrá tirado ya; "Freaks" de Tod Browning en espiquinglis porque no la encontraba por España, y dos de dibujos japoneses; la peli de "Maison Ikkoku" y "Perfect Blue" de Otomo y Kon. Y ya. Impresionante, ¿verdad?. Deuvedés no me he comprado en la vida, sólo para regalar, ni siquiera tengo reproductor. Comprendan que yo provengo de una generación para la que una película contada en diez minutos en el recreo entre bocao y bocao al donuts te valía como vista. Las pelis las veías en la tele o en el cine, se las contabas a los colegas y listo (y ahora me las bajo de las malvadas redes p2p, las veo y las borro, que es algo parecido).

Última comprada: La caja de "El señor de los anillos" versión ladrillo-extended-ultimate "a ver si tienes cojones de vértelas todas seguidas". Regalo para mi padre que es fan fatal del libro y las películas. Mereció la pena el pastón desembolsado por verle disfrutar como un crío, lo malo fue para el resto de la familia que tuvieron que sufrir las sopotocientas horas más aburridas de sus vidas.

Última que vi: En el cine, a veeeeer, que pienseeee... Cariñoooooo, ¿cuál fue la última?. No se acuerda. ¿Se pueden creer que ya tampoco me acuerdo?, esa es otra, que voy al cine y a los dos días ni me acuerdo de las películas, será el Alzheimer... En casa sí, ayer me ví de una sentada "La amenaza fantasma" (¿por qué coño se titula esta película así?, ¿dónde está el fantasma?) y "El ataque de los clones", bajadas, vistas y borradas a toda velocidad. De la historia no me acuerdo de nada ya, pero eso sí, salen unas naves preciosas, unos escenarios de lujo y unas batallas que dan ganas de aplaudir y hasta de hacer la ola, impresionante el trabajo de técnicos, diseñadores y animadores, el verdadero talento del cine de entretenimiento norteamericano moderno reside en esta gente. Sólo de imaginar la adaptación en pantalla grande del "Pensad en Flebas" de Iain Banks que se podría hacer me pongo a ovular. Esas batallas de naves dentro de naves...

La última que me gustó en el cine fue "Los increíbles", la última que me gustó en casa fue una comedia española que parecía que iba a ser una chorradita santiagoseguresca y resultó ser un entretenimiento bastante digno y divertido: "El robo más grande jamás contado".

Próxima que voy a ver: Supongo que "Batman Begins", pero esto por más por fastidiar a la santa que por ganas. Es que todavía me duele el talego que solté por ver la versión americana de "La maldición", película que ha marcado un antes y un después en su vida y que a mí ya me está empezando a amargar la existencia. Levantando el puño juré ante el cartel de "próximamente; Batman Begins" que algún día me vengaría y lo cumpliré, vaya que sí. Lo que me jode es que esta de Batman seguro que le acaba gustando más a ella que a mí.

MacLaine y Lemmon en "El apartamento"


Cinco películas con significado especial.

"Luna nueva" de Howard Hawks (podría poner "La fiera de mi niña" también, la que usteden prefieran). Los clásicos de la screwball comedy demuestran porqué el cine ha degenerado tanto, en los años dorados de Hollywood se tenía muy presente la importancia fundamental del guión. Lo que no quitaba para que los guionistas estuvieran considerados un poco por encima del concepto de "puta barata" pero al menos los productores pensaban que no bastaba con las estrellas, que se necesitaba una historia medianamente inteligente que atrajera al público a las salas. Esta película, basada en un éxito teatral adaptado cuatro veces al cine, tiene un ritmo de ametralladora escupiendo diálogos brillantes a un ritmo de diez carcajadas por minuto y gasta una mala leche contra la corrupción política y policial, la prensa y hasta el psicoanálisis que ya quisieran muchos, demostrando que la comedia es el género más difícil y superior a todos los demás. Y, sobre todo, sale Cary Grant, mi ídolo absoluto, yo de mayor siempre quise ser el Cary Grant de las películas.

"La noche del cazador", de Charles Laughton. El histriónico y genial actor obeso firmó una sola película en su vida, pero qué película; hermosísima, surrealista, onírica, poética. El tramo del viaje de los dos niños en barca es algo que no se me olvidará jamás; "once upon a time there was a pretty fly...". Y ese Mitchum como predicador psicópata del que tanto ha aprendido Robert de Niro...

Siente a un pobre a su mesa en "Plácido"

"Dos en la carretera" de Stanley Donen. La cinta que mejor refleja lo que son las verdaderas relaciones de pareja y el matrimonio, muy lejos de la falsa idea del "amor" que el cine americano nos ha vendido y nosotros nos hemos creído gustosamente. "¿Qué clase de personas pueden pasarse horas y horas sin hablarse?. "Los casados". Sí queridos, el matrimonio era esto. Además la preciosa música de Mancini y maravillosos viajes en automóvil por una esplendorosa Francia en los no menos esplendorosos años sesenta. Y Audrey Hepburn (a pesar de los modelitos de Givenchy...).

"El apartamento" de Billy Wilder (en dura pugna con "Uno, dos, tres" la película que he visto cien veces y cien veces me he reído en todos los chistes). La dura historia de un triste oficinista o esclavo asalariado (que enorme es Jack Lemmon, de los pocos actores capaces de hacer de persona normal y que te lo creas) que deja su apartamento como picadero a sus jefes, mientras el pasa el rato bajo la lluvia, solo en los parques pensando en mejorar. Cosa que le sirve para ir ascendiendo en la empresa (dejar el piso como picadero, no pasarse las noches por ahí). Hasta que se enamora del ligue de uno de sus jefes... Película que todos los oficinistas que en el mundo somos tenemos como fetiche (también queríamos una novia ascensorista como Shirley McLaine). Incluso aprendimos a colar los spaghettis con mucho arte y una raqueta de tenis. Quizá sería más redonda sin el final feliz, pero es tan amarga en el fondo (a pesar de los golpes de humor) que dicho final se agradece.

"Plácido" de Berlanga. Viendo esta película uno no puede evitar vocear: "Lo que necesita el cine español es otro Franco, ¡cojones!". Lamentables exhabruptos fascistas aparte, es increíble que Berlanga (y Azcona) le colaran a la censura esta historia demencial y patética del pobre repartidor que tiene que pagar la última letra de su motocarro durante la Navidad en una pequeña ciudad de provincias. Brutal y negrísima, es el certero retrato de un microcosmos miserable, descarnada hipocresía implícita en la falsa caridad cristiana (a ver quien hace una versión moderna pero con oenegés). Tremenda la escena de la boda del moribundo por empeño de las beatas locales. Pero es que encima es divertidísima. Y sale toda la plana mayor de la mejor escena actoral española de todos los tiempos: Jose Luis López Vázquez (el mejor actor español en su mejor papel, ahí es ná), Cassen, Manolo Aleixandre, Agustín González, Julia Caba Alba, Amparo Soler Leal... En fin, ¿se acuerdan cuando en España había actores que sabían declamar y no niñatos/as de medio buen ver que murmuran cosas ininteligibles mientras ponen cara de pena?. O peor aún, dan voces como la urraca parlanchina que atiende al nombre Pene (como se la conocía en mi/su pueblo) Cruz.

En fin, me ha quedao de un clásico yanquófilo (o como se diga) que ni Garci y sus amigotes, pero qué le vamos a hacer, no me duelen prendas en reconocer que para esto del cine estoy gustosamente colonizado por Hollywood (y todos los europeos como Wilder que la hicieron grande). Acabo, aunque me duela dejar fuera "Teléfono rojo", "Charada", "La jungla de asfalto", "Misterioso asesinato en Manhattan", "Senderos de gloria", "El hombre que pudo reinar", "En bandeja de plata", "El fantasma del paraíso", "Uno de los nuestros", "Apocalypse Now", "La fuga", "Ojos negros", "Amici mei", "El guateque", "Oro en barras", "El verdugo", "Atraco a las tres"... Y es que a pesar de todo la infancia tira mucho y todas aquellas noches perdidas viendo películas sirvieron para que siga insistiendo, esperando recuperar aquella bendita sensación de emoción y arrobamiento que experimentaba descubriendo películas sentado con la nariz pegada a la pantalla de televisor hasta las tantas de la madrugada.

"La noche del cazador"


P.D: Por cierto y aunque no venga al caso, manda cojones que si en Google buscas imágenes de "El apartamento" te salgan chorrocientas mil, pero si buscas de "Plácido" salen cuatro mal contadas y de páginas extranjeras la mayoría. Impresionante la presencia cultural española en internet.

13 junio 2005

Lecturas saloneras (I)


Mi primer Saló.

Pues sí, ando como ustedes, rodeado de tebeos por todas partes, leyéndolos a toda velocidad para reseñarlos en el blog antes que nadie (sonrisilla malévola). Ya se sabe, todo sale en el Saló de Barcelona, una más de las absurdas tradiciones que hemos de soportar los aficionados a esto de los tebeos. ¿Se imaginan ustedes que en un fin de semana salieran trescientas novedades de música pop o estrenos cinematográficos o libros o...?. Así que las editoriales, sabiendo que somos cada vez menos, cada vez más viejos y con más dinero para gastar, hacen su agosto en pleno junio abarrotando el mercado en una política que para cualquier otro producto sería ridícula y hasta suicida. Pero en el mundo del tebeo la falta de lógica y de sentido común si me apuran, es el pan nuestro de cada día.

Y con esa vocación de servicio que dios me ha dado aquí estoy en la Estación, adquiriendo los tebeos más caros, lujosos y gafapastas, gastándome el dinero que no tengo para que ustedes sepan a qué atenerse a la hora de derrochar el suyo. Con lo que matamos dos pájaros de un tiro; con estos someros resúmenes podrán tirarse el pisto por ahí simulando que han leído unos tebeos a los que, de otra manera ni se habrían acercado y de paso se ahorran ustedes una pasta para comprarse las novedades Planeta-DC, que es lo que realmente les pone, so frikis. Pero en mi inmensa generosidad les doy permiso, el copyleft también está para estas cosas




La diosa sumergida de Miguel Calatayud. Dibbuks.

Miguel Calatayud es uno de los más desconocidos e influyentes autores de la historieta moderna española. Maestro indiscutible e influencia fundamental de la escuela valenciana y la línea clara ochentera por extensión (Daniel Torres, Mique Beltran, Sento...), hace tiempo que dejó la historieta para transitar por los más fructíferos campos de la ilustración, salvo alguna incursión parcial y puntual ("El pie frito") en el tebeo.

Y ahora Dibbuks nos obsequia con la reedición de "La diosa sumergida", su obra más famosa e inencontrable, serializada en la efímera revista de historietas "Rumbo Sur". Un clásico producto de la escuela valenciana que marca las coordenadas de los tebeos de línea clara española, es decir, obras estructuradas en torno la revisión irónica de los clásicos tebeos de Aventuras (así con mayúsculas, incluida la ciencia ficción) vestidas con un pulcro e impecable acabado formal heredero de Hergé, Jacobs o Swarte (siguiendo la tendencia que en aquella época marcaba el gran Chaland en Francia). En este caso se trata de una historia tratada como si fuesen las aventuras de un Tintín femenino postmoderno de cachondeo en busca de un fabuloso ídolo sumergido en el Caribe. Una trama donde no falta nada; el apuesto partenaire de la protagonista, el esbirro turco, el millonario árabe, la femme fatale, el marinero entrañable y borrachín... Cualquiera que haya leído "Cementerio de elefantes" de Chaland, "Opium", "Claudio Cueco" y el primer Rocco Vargas de Torres o el genial "Macao" de Mique Beltrán, sabrá de lo que hablo.

Tomando esa sencillísima trama como excusa, Calatayud despliega su hermosísimo grafismo como si fuera un George Grosz de línea clara al que le hubiera dado por hacer tebeos en los ochenta. El dominio de la composición de viñetas y, sobre todo, esos maravillosos colores, es deslumbrante y se impone sobre la historia, convirtiendo el álbum en un precioso objeto más para ser visto (y admirado) que leído. Y eso que hay diálogos bastante aprovechables.

Ah, no hubiera estado de más que por los tres talegos de nada que cuesta el álbum Dibbuks hubiera incluido un artículo sobre el autor y su época, para que el lector pueda situarse ante el álbum con alguna idea del momento y la circunstancia en la que originalmente fue publicado (como será la cosa que ni siquera se menciona que es una reedición). Vamos, lo mínimo que se hace en cualquier otro campo (literatura, música, por ejemplo) cuando se reedita una obra.




Buen tiempo de Joe Matt. La Cúpula.

Joe Matt es mi favorito de todos los historietistas "llorones" digooo, de esliceoflaif norteamericanos. Y precisamente me gusta por eso, porque Matt es un tipo que no se corta un pelo en sacar a la luz las pequeñas miserias de la vida, mostrándose como un tipo rastrero, mezquino y cabronazo en vez de presentarse como un incomprendido outsider de alma sensible. Pero a pesar de como se muestre el Matt personaje en sus tebeos, uno no puede dejar de cogerle simpatía e identificarse en ciertos momentos con él. Y es que bajo toda su desvergüenza Matt es un gran autor y "Peepshow" un tebeo divertidísimo con escenas emotivas muy hábilmente resueltas.

En cierto momento del devenir de "Peepshow", Matt interrumpió narración de su la impresentable rutina vital para ofrecernos este "Buen tiempo", un episodio de su infancia transcurrido en un fin de semana. Evidentemente Matt continúa en su línea de mostrarse a sí mismo de chaval como un crío egoísta, manipulador, chantajista, cobardica y sí, friki de los tebeos de supes (para vergüenza nuestra). Vamos, como un crío cualquiera de la calle pero algo más cabronazo. Así, bajo lo que aparentemente es un sencilla y divertida historia que relata un fin de semana en la vida de Matt, éste nos clava muy sutilmente los devenires más profundos de la infancia, las relaciones con los amigos, la familia y las pequeñas miserias de la infancia; las mentiras, el egoísmo, la crueldad con los demás... Matt es un gran narrador con un absoluto dominio de su ya depurado estilo cartoon y el tebeo se bebe en un pis pas dejando un estupendo sabor de boca. Y por ocho euros de ná.




El año que vimos nevar
de Fermín Solís. Astiberri.

Un tebeo directamente relacionado con el anterior. Este "El año que vimos nevar" sería la continuación de "Los días más largos" donde Fermín nos contaba diversos episodios de su infancia. Aquí continúa en la misma tónica, en ese estilo lejanamente emparentado con el pequeño Nicolás de Sempé y Goscinny pero sin llegar ni mucho menos a la genial obra de los dos franceses. En este caso, Solís nos ofrece sencillas anécdotas de la infancia, sin ninguna trascendencia ni tesis detrás, simplemente es la acumulación de batallitas de una niñez como la tuya o la mía, plagadas de referencias (como seas de la generación post-80 no vas a pillar ni una) narradas con una adecuada falta de pretensiones pero que resultan un pelo cansinas porque no se hilvanan alrededor de un motto reconocible. Y el dibujo de Fermín tampoco ayuda demasiado... En fin, correcto, agradable de leer para un tipo que se quedó atrapado en la infancia como yo, pero poco más.




Cinema Panopticum de Thomas Ott. La Cúpula.

Yo con la Cúpula cada día flipo más. Seguramente todo tiene su explicación pero a mi me tienen cazando moscas... A ver si no como se entiende que lo publicado de Ott en La Cúpula sea una historia serializada en El Víbora, dos cuadernillos cutres de la colección Brut y una historia guionizada por David B. en un especial y ahora, cinco años después, sacan sin comerlo ni beberlo un volumen a superlujo de tirada limitada que no sé muy bien a que viene, porque ni se corresponde a los criterios habituales de la editorial, ni se ha utilizado este formato con otras "estrellas" de la casa (estoy pensado en Burns, la opción más lógica). Estos criterios de publicación a mí es que me tienen perdidísimo...

En fin, este lujoso volumen es una especie de fix-up de historias cortas del autor suizo con su peculiar, atmosférico y efectivo dibujo hiperrealista de tinta blanca sobre fondo negro de texturas rayadas que recuerdan lejanamente a los grabados. Cinco inquietantes historias mudas que coinciden en buscar siempre el giro ingenioso y el punch final, que beben tanto de los tebeos de la EC como del Bradbury más terrorífico, Burns, el surrealismo o Kafka, autor con el que se bromea en la primera historia. Y como ocurre con las historias de terror de la EC quizá pueden provocar en algún lector el conocido síndrome del "pos bueno, pos fale, pos malegro"

El resultado es que, de nuevo el brillante grafismo de Ott se lleva la palma, quedando un precioso libro-objeto, como si fuera una actualización de luxe de la Biblioteca de Terror EC, cuyo mayor defecto es que se se lee en un pispas después de haber soltado diecinueve créditos de nada.




Fats Waller de Igort/Sampayo. Sinsen tido.

En cuanto vi este álbum en la tienda me lancé a por él sin mirar el precio (en toda mi inconsciencia) por dos motivos. Uno, que Fats Waller es uno de los más grandes músicos de jazz de la historia y el otro era Igort (lo siento, pero no me gusta nada Sampayo como guionista, ni Muñoz, ni su Alack Sinner, ni nada. Como me considero un culto, exquisito y fino lector de tebeos, éste es un hándicap que procuro llevar lo mejor que puedo, no me lo reprochen demasiado). Así que esperando una biografía del gran músico me llevé un ligero chasco, "Fats Waller" no es exactamente eso.

Utilizando las canciones de Fats como hilo, Sampayo engarza diversas historias de gente normal sobre el gran fresco de la Europa de presegunda guerra mundial. Un pintor compra un traje a cambio de un retrato, dos gemelos austríacos enamorados de la misma mujer se enrolan en las Brigadas Internacionales de la guerra civil española, un espía italiano es enviado a asesinar a un aristócrata inglés relacionado con los nazis. Y la misma historia de Waller, un genio agobiado por las deudas contraídas con sus matrimonios anteriores, obligado a componer doce canciones al día a cambio de ciento veinte dólares, la tensa relación del arte y el comercio.

El resultado es un álbum irregular y algo disperso en el guión que no acaba de centrarse en un punto donde golpear, en el que de vez en cuando Sampayo nos tiene que ir recordando de qué trata en diversos textos de apoyo (pondría las páginas donde aparecen dichos textos pero este álbum es tan exquisitamente artístico que han prescindido de poner los números de página y, como comprenderán, paso de ir contándolos). Incluso al final Sampayo nos ofrece un breve texto sobre el álbum, quizá inseguro de que el lector no haya captado lo que quería contar. Por otro lado Igort no defrauda, es un dibujante espléndido, elegante y limpísimo, diáfano en la narrativa y la composición, empleando una paleta de colores amarronados, delicada, sutil y preciosa, incluso mejorando su sensacional trabajo anterior, "5, el número perfecto".

Continuará...

08 junio 2005

No Future


Ejem...

Bueno...

Decíamos...

Hace algún tiempo el compañero Llosef tuvo el buen gusto de linkarnos en Estación de nieblas una página de transporte retrofuturista, la elegante Transportation Futuristics donde ustedes podrán encontrar todas aquellas visionarias soluciones para el transporte de masas que, por estar demasiado adelantadas a su tiempo o por incomprensión del resto de humanos todavía demasiado anclados al cerebro reptiliano, no llegaron a buen puerto. Y eso que algunos de ellos harían las delicias del alcalde Gallardón o Florentino Pérez y otros insignes magnates de la construcción. Imagínense sino las obras necesarias para tener esos monorraíles gigantes recorriendo todo Madrid de arriba a abajo. Sólo ciudades a la vanguardia como Springfield, gracias a visionarios como Homer Simpson, tuvieron la valentía de adoptar mi medio de transporte favorito, el monorraíl (que ya no se ven ni en los parques de atracciones).

Madrid 2012

En esta línea de futuro visionario es imprescindible el enlace Tales of the Future Past.

Esta página es una mina. Aquí podremos encontrar desde la casa futura con ese supercool "Bachelor Pad" o pisito de soltero, hasta las pesadillas arquitectónicas a los que puede llegar un arquitecto famoso totalmente pagado de sí mismo y absolutamente alejado de la realidad (seguro que el Ruedo de la M-30 madrileña o las Torres KIO también eran la leche sobre el papel). Fascinante asimismo la vida de Elektro (y Sparko, su mascota), el robot estrella de la Westinghouse y su triste final como electro-star con problemas de adicción y escándalos sexuales. En fin, exploren, exploren, porque tienen para horas y horas de trabajo zascandileando por internete como debe ser en vez de cumplir con sus aburridas y absurdas tareas.

Picadero del futuro

Pero ya más en serio, me fascina el retrofuturismo (una de mis series favoritas de dibujos eran "Los Supersónicos", fue traumático que llegara el año 2000 y no se pareciera en nada a lo que vivía la familia Jetson). Y sobre todo me fascina como soñaban en el pasado lo que iba a ser la vida futura; ordenada, limpia, pulcra, perfecta, todos comiendo pastillitas y excretando en váteres al vacío o algo así. En resumen, una pesadilla generada por empollones en fase anal o con síndrome de Cenicienta. Quizá intuían que el futuro sería un lugar vulgar y ramplón, y acertaron en que era más divertido imaginarlo que vivirlo.

Pero estéticamente son fascinantes, parece que los ingenieros, más que seguir un estricto método científico, encontraban su inspiración de las películas, los pulps y los tebeos a la buena de dios. No sé con cual quedarme, si con "El contínuo de Gernsback" de los años veinte y sus geométricas urbanizaciones fasciofuturistas de rascacielos, autogiros, dirigibles y dictáfonos. O los cincuenta y su sueño motorizado, transitando por autopistas eternas como si circularan por la Arcadia (nadie pensó en el pequeño detalle del petróleo, ni siquiera la cf). Y los sesenta y setenta, con esos hogares futuristas pop, entre la Naranja Mecánica y una de Esteso y Pajares, todo bien regado con Peppermint Frappé. Lástima que la crisis del petróleo y el Vietnam en los setenta diera al traste con todo el alegre optimismo a la hora de imaginar el futuro en la cultura popular. Aunque la estética Blade Runner ya es absolutamente retro como un vídeo de Sigue Sigue Sputnik, ambos desde ya obras maestras del retrofuturismo ochentas. Informática de ocho bits, plexiglás y neones, mmmmm...

Quinientos litros a los cien kilómetros

Lo que me temo es como quedaremos nosotros, hombres de un siglo tan importante en el campo del retrofuturismo como es el XXI, ¿se imaginan ustedes que pensarán en el 2096 de los anuncios de telefonía y cacharrería electrónica que son los que ahora moldean la imagen del futuro en la imaginería popular?. Tal y como lo imaginamos ahora, el porvenir es un cruce entre el Ikea, la zona industrial de Alcobendas, un centro comercial y la sección de imagen y sonido de El Corte Inglés. Qué rollo, ¿no?.