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la estación fantasma

04 julio 2006

Miedo a las cosas normales
















Existe cierta historia secreta del pop español, una melodía apenas perceptible pero firme a pesar de todo, una distorsión hermosa que continua sonando debajo del estruendo de los Cuarenta Principales y la lista del AFYVE. Que florece al margen incluso de las emisoras "minoritarias" que, como Radio 3, comercializan como indie o alternativo esa música española que peor imita las modas de fuera. Es esa luz que nunca se apaga, entre lo sublime y lo esperpéntico, de sutil humor negro que no podría existir en otro lugar que no fuera España, embelesando a unos pocos elegidos, convencidos de haber descubierto un secreto único y reservado sólo para gente cuyos oídos y cerebro funcionan en una distinta longitud de onda. Son los herederos de Augusto Algueró, Jaume Sisa y Chicho Sánchez Ferlosio, y de Vainica Doble sobre todo; Kiki d´aki y el Zurdo, Aventuras de Kirlian, Le Mans e Ibon Errazkin, Carlos Berlanga, Terry IV y Meteoro, Parade, TCR (sin Felipón), Los Caramelos... Y ahora Espanto.

Espanto son Teresa y Luis, un dúo de Logroño últimos vástagos de esta tradición musical oculta. Sabia destilación de todo ese pop español vainiqueño que mezcla en sus canciones retratos de personajes disfuncionales y situaciones cotidianas de masoquismo y hastío existencial visto a través de la óptica cotidianamente absurda y grotesca, dolorosamente cercana y de una poética particular de un Ferreri o un Berlanga o una Calle Mayor. Espanto es la tristeza del oficinista enamorado haciendo el ridículo en la cena de la empresa, un niño berreando en un parque de atracciones vestido de marinerito el día de su comunión, la chica gorda rechazada en los bailes de las verbenas. Son la mosca zumbando durante las tardes de hastío veraniego en el pueblo, algo inquietante, algo que no está del todo bien en un paisaje placentero, en una playa que acabará abarrotándose de gente corriendo en chancletas. Espanto es, finalmente, el grupo español más inteligente, más sutil y más exquisito en referencias, el que hace las canciones más bonitas, como de comedia de Tati, de esas que resuenan en la memoria, que parecen escritas para ti, que aún no habiéndolas escuchado antes parecen la banda sonora de tu vida. En definitiva, son los que más molan. Y molan pero mucho.

Por supuesto en estos modernos tiempos de internet podéis disfrutar de la segunda maqueta de Espanto en el engendro de Rupert Murdoch (hasta que el Espanto ocupe su merecido espacio propio). Cuatro canciones como cuatro soles; Daltonismo o la perplejidad ante el fracaso de quien creyó que lo suyo en la vida sería diferente: quien te iba a decir/que serías así/que lo azul era blanco/lo blanco era negro/lo negro era gris. Miedo a las cosas normales, sobre el pavor cotidiano al mundo y a la gente cercanas, el único miedo cierto y mezquino. Don Juan, la canción de desamor que guarda la mejor definición de esa sutil inquietud que provoca Espanto; el vaso de leche tiene una mosca/tu tiempo se acaba/pasan las modas. Y Mantas, la necesidad de amar en clave de metáfora textil, quién no se ha sentido como una manta de perro muchas veces.

Pueden pedir la maqueta o el fanzine "El optimista" a los propios Espanto en la casilla de optimistaoptimismo@hotmail.com y podrá disfrutar en la comodidad de su hogar de lo que es ya objeto de culto.