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la estación fantasma

08 marzo 2005

The Blue Nile; la ciudad y tú


A la hora de poner música en casa mando yo. Esto soltado así a lo bruto suena duro, incluso bordea la violencia de género, pero que le vamos a hacer, tengo una capacidad innata para amorrarme a toda velocidad al ordenador y pinchar el primero en el Winamp. O colocar un CD disimuladamente en un visto y no visto, como quien no quiere la cosa, mientras ella anda distraída. Es como quien tiene la habilidad casi mágica de encontrarse siempre con el mando de la tele en la mano para, a continuación, liarse a zapear compulsivamente (mi hermano, por ejemplo). Pero antes de que me denuncien les aclaro que normalmente no llega la sangre al río. Aún siendo uno un hooligan musical y negarse ella a admitir mi gusto superior (por llevarme la contraria, no se crean), reina en casa un inusitado ambiente de buenrrollismo a la hora de escuchar música que da hasta un poquito de asco (se han llegado a oír cosas tan extremas como "¿qué es eso que has puesto?, pues es bonito", "pon ese disco que tienes que me gusta". O peor aún: "cariño, si te molesta lo quito". Puaf...). Y, a pesar de nuestras irreconciliables diferencias musicales, si en un grupo estamos de acuerdo la santa y yo es en The Blue Nile, uno de esos detalles pequeños por los que seguiremos unidos toda la vida aunque acabemos mándandonos a freír espárragos en el momento menos pensado.


The Blue Nile es el clásico ejemplo de grupo de culto, pero de mucho culto, de culto extremo, vamos. Porque lo de ser seguidor de The Blue Nile hay que llevarlo con resignación cristiana; en veintipico años de carrera han editado cuatro discos y un puñado de singles (ni cinco horas de música en total), y, sin embargo, los fans seguimos soñando con peregrinar a Glasgow como el primer día que escuchamos "A Walk Across the Rooftops". Hagan lo que hagan.

Después de leer esta declaración de amor musical estarán ya saliendo por la puerta rumbo a la tienda de discos de la esquina o cliqueando compulsivamente en su programa p2p favorito. Hombreee, deje el abrigo, espere un momento y en un pis pas (es un decir...) le repaso la discografía para ahorrarle disgustos.

Tres amigos recién licenciados de la universidad de Glasgow (Paul Buchanan, Paul Joseph Moore y Robert Bell) se arrejuntaron musicalmente a primeros de los ochenta, editando "I love this life", un single con dos canciones muy de la época (ya saben, toda la cacharrería que nos ha hecho odiar los ochenta; baterías electrónicas, guitarras funk pero dentro de un orden, teclados por doquier...) de pop elegante y sobria instrumentación donde destacaba la voz de Buchanan y sus letras mínimas, melancólicas, como pedazos desechados de metraje cinematográfico. Enseguida fueron fichados por la empresa de equipos electrónicos musicales Linn Products (los de las baterías por ejemplo). Dicha firma buscaba maquetas con la que probar sus equipos, sorprendidos por lo pulcro del sonido de The Blue Nile les adelantaron la pasta para un primer LP. Un detalle que sería para torcer el gesto si no fuera porque The Blue Nile tenían la tremenda habilidad de facturar hermosísimas canciones pop de gran perfección formal pero no exentas de emoción. Sobre todo gracias al ideólogo de todo esto: Paul Buchanan, cantante y compositor de las maravillas, el torturado artistón que, en un concierto, al grito de un fan entregado; "¡Paul, te queremos!", va el pavisoso y suelta; "¿Cómo podéis quererme, si me detesto a mí mismo?". Será tolai...

"A Walk Across The Rooftops" (1984), el primer LP, marca la impronta del sonido del grupo. De una inocencia arrebatadora, este disco es como tener dieciocho años y estar deseando enamorarse y salir al mundo (Buchanan canta cosas "Do I love you?/ Yes I love you/Will we always be happy go lucky" y va uno y se lo cree). La voz de Paul es la vida que palpita bajo el impecable, abstracto y sintético, casi inhumano, acabado de las canciones. Frágil, desamparado, siempre dando la impresión de que no va a llegar a la siguiente nota. Pero cuando has paseado de su mano por las soledades urbanas, el ruido del tráfico al anochecer, el neón reflejado en las calles mojadas y solitarias, las luces cambiantes en el horizonte cuando aun quedan kilómetros por recorrer, los bares vacíos, los paseos por tejados desiertos, la radio sonando un domingo por la mañana..., ya no puedes imaginar las canciones en la voz de otro, esa voz que transporta la emoción como nadie, que cree realmente en lo que está cantando. En fin, este disco es la banda sonora perfecta para volver solo a casa en tren un día de lluvia, contemplando el paisaje de los suburbios y las zonas industriales deslizándose suavemente al otro lado del cristal, el tráfico parado en los semáforos, la gente esperando en los andenes.

La fórmula llega a su esplendorosa cumbre con "Hats" (1989), el álbum que cierra majestuosamente los locos ochenta. Ahora, más que la urgencia juvenil, es el momento incandescente del amor recién encontrado que da sentido a la vida. Desde la euforia de "Downtown Lights" o "Headlights on Parade" (de nuevo una letra que en voz de otro sería sonrojante aquí vibra de bonita y cierta: "Close your eyes/Come with me/Only love is alive/Close your eyes/Can't you see/Only love will survive") al amor cotidiano de "Saturday Night", pasando por las hermosísimas "Let´s go out Tonight" o "Late Night Train", dos joyitas desoladas para contener el subidón. Disco nocturno y urbano, esta es la música que sonaría una noche de verano en un Madrid imaginario e ideal mientras te besas con la novia en una calle abarrotada de gente bajo las luces de la ciudad.

Y acorde con el nuevo sentimiento la instrumentación se hace más lujosa y exhuberante, suavizando las aristas abstractas de "A walk..." convirtiendo el sonido en una lustrosa superficie con la voz de Buchanan vibrando en el interior. Una voz capaz de extraer el poder de la emoción de unas letras sencillas que sonarían banales, incluso tontorronas, en otro que no cantase con su convicción: "I love an ordinary girl/She'll make the world alright/She'll love me and I know/Love is Saturday night".

Siete años después, cuando los fans ya dábamos todo por perdido y a falta de algo mejor nos dedicábamos a rebañar caras bés, colaboraciones, maquetas, bootlegs, listas de la compra, lo que fuese, editaron "Peace at Last" (1996) (lo de "at last" supongo que sería alguna clase de coña). Se nota ya el paso de los años, la terrible madurez que tan mal se lleva con la música pop. Y nuestro cantante/compositor parece que ha encontrado la ansiada tranquilidad espiritual (rollete con Rosana Arquette mediante). Así que la cosa versa sobre la estabilidad emocional, sentar la cabeza con la pareja de tu vida, los problemas del matrimonio, los niños... en fin este tipo de cosas tan adultas y abismales. Abismo que logran salvar gracias a que el que tuvo, retuvo. Musicalmente la guitarra acústica de Buchanan es la que guía las canciones, mientras que los arreglos, la instrumentación, es más convencional, más orgánica, más suelta y rugosa. El resultado es, a ratos, un pelo aburrido, con unas cuantas y brillantes excepciones; "Sentimental Man", "Family Life" (a pesar de la letra), "Good Bless You Kid" (a pesar de la batería electrónica) o "Tomorrow Morning". Algo decepcionante (¿siete años para esto?), llegué a pensar que no habría más discos de Blue Nile.

Finalmente el verano pasado se editó "High" (2004) casi a traición. Con todo el dolor de mi corazón se confirmó la temida decepción. Sólo salvaría un par de canciones ("The Days of our Lives" tan semejante al sonido de los dos irrepetibles primeros discos y la majestuosa "High"). Siendo la misma "High" la parada final de un viaje emocional que no puede acabar de otra manera que con la piedra lisa de la resignación ante la derrota vital. Ahora es la melancolía del monótono dia a dia, la palidez rutinaria de una vida que va defraudando expectativas ("Are we the same?/Caught at the lights/Why are we going home with our lies?/In the easy living/Something good got lost along the way/We could be higher/We could be high"). El sonido deshace un poco el camino recorrido hasta "Peace..." pero cayendo ya en el pop adulto entendido como banda sonora aburrida y monótona para tu ocio ordenado y tus compras en el centro comercial ("I Would Never" por ejemplo, es tan insulsa que hay un momento en que ni te das cuenta de que está sonando). Si querían hacer un cerebral experimento vanguardista de como suena la vida adulta les ha quedado de puta madre, si va en serio como colección de buenas canciones pues... En fin, inevitablemente todos nos hacemos viejos pero no deja de ser una putada, desde luego.

Pero no importa, como se trata más de fe que de otra cosa podemos esperar siete años más. Porque saber que The Blue Nile todavía sacan discos, imaginar que esta vez sí voy a Glasgow para asistir a uno de sus escasísimos conciertos, o que, sencillamente, siguen ahí, es como volver a encontrarse con una antigua novia para tomar un café y que te cuente que todo le va estupendamente mientras se recuerda con agradable melancolía los buenos tiempos. Y alegrarnos de que, a pesar de todo, seguimos adelante.

4 Comments:

At 10:31 p. m., Blogger Xoota said...

No los conocía, y por eso no han podido defraudarme. Pero de Glasgow son los Belle & Sebastian, y en mi opinión eran muy buenos pero se han vuelto muy malos. Así que a lo mejor es el agua de Glasgow, vete tu a saber.
Voy a ver si consigo el Hats por algún lado, a ver qué tal le sienta a mis oídos.

 
At 2:50 p. m., Blogger fonz said...

De Glasgow hay un montón de grupos muy buenos (otros ídolos serían The Jesus and Mary Chain), pero yo es que tengo debilidad musical por los escoceses. Mi teoría es que se aburren todavía más que en Inglaterra y por eso es un hervidero de grupos...

En cuanto a Belle and Sebastian, buenoooo, a mí más o menos me siguen gustando. Eso sí, si de "Feeling Sinister" me gustaban todas las canciones, del último me gustan media docena..., pero yo es que a los grupos que me gustan se lo perdono todo, soy un sentimental.

Ah, espero que te gusten Blue Nile, te voy a arruinar a este paso...

 
At 10:01 p. m., Blogger Xoota said...

De ideas en general... Los escoceses siempre han tenido los huevos cuadrados, y eso se nota :)

O quizá hay algo en el agua...

O que escocia es precioso, según lo que me cuentan.

The Blue Nile están bien, pero me gustan más las canciones en las que no suenan las bases ochenteras. Yo es que ya soy de una generación posterior ;). Se merecen más escuchas.

 
At 11:18 a. m., Anonymous Anónimo said...

Excelente post.
Soy ultrafan de TBN desde que se editó "Hats" y coincido contigo al 100% sobre los 4 álbumes.
Eso si, verles en directo es un verdadero éxtasis emocional. Yo he tenido la suerte de hacerlo dos veces (en el 96 y en el 2006) y aún me estremezco con los recuerdos.
Yeah! Yeah! Yeah!

 

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