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la estación fantasma

17 febrero 2005

Te ríes de aquel verano en que todo era pop


King & Goffin: jóvenes, guapos y con talento. Rematadamente pop.

Suena ahora mismo en el rato de placidez hogareña post-cena y pre-piltra, el disco "Music has the Right to Children" de unos luminarias de la electrónica, Boards of Canada. No ha llegado la tercera canción (¿en la música electrónica de vanguardia se puede decir "canción"?) y estoy deseando quitarlo, es tan monótono como pasear por los pasillos de mi oficina. Y eso que a este disco le atizaron un diez los iluminados del Pitchforkmedia. Esto me pasa por memo; soy como un Paco Martínez Soria musical queriéndose poner al día con el moderneo. En mi descargo sólo puedo alegar que me acabo de meter entre pecho y espalda un tocho gordísimo sobre música electrónica que le "tomé" prestado a mi hermano ("Loops" de varios autores en Reservoir Books. Es que leo cada cosa queeee...). Y los hiperbólicos adjetivos dedicados a los artistas que salen ahí han sido como anzuelos para mi curiosidad, que cuando se suelta tiene mucho, mucho peligro. Los sinuosos y pre-punkarras experimentos de Neu!, los ritmos alienígenas de Aphex Twin o la geometría melódica de Autechre se pueden oír, pero me temo que, en general, no estoy entendiendo nada. Desgraciadamente, en esto de la música me tengo que reconocer conservador, a mí lo que me gustan son las canciones. De pop.

Lo cual me viene de perlas para poner por las nubes la que seguramente fue la mejor canción del año pasado y que se ha convertido en una pequeña y agradable adicción como el café, internet o el queso feta en ensalada; el glorioso single "You are the generation that bought more shoes and you get what you deserve" (gracias a dios que existe el copypaste) del dúo británico Johnny Boy Enorme canción que comienza robando el inicio a "Be my baby" de las Ronettes y continúa como si el mismísimo Phil Spector se hubiera dedicado a la canción protesta punk con la historia de una muchacha sola y alienada, ahogada entre la multitud consumista. El efecto producido es como de flotar sobre el barrio, Madrid y el mundo rodeado por un coro de oompa-loompas. Un efecto sólo comparable a ese momento de realización absoluta, como de haber alcanzado el nirvana, que se siente tras haber arrasado con una tarrina entera de helado de chocolate.

Y cuando acaba te despiertas de nuevo donde estabas antes de ser transportado a un lugar mejor, sonriente y feliz, deseoso de escuchar esa canción una y otra vez, no importa nada más. Porque "You are..." demuestra que teníamos razón todo este tiempo, que la verdad y el sentido de la vida se encuentra en una canción de Jerry Goffin y Carole King, en un éxito de la Motown, en Gershwin, Porter y Berlin, en la voz diminuta de Joao Gilberto. En las canciones que tarareas cuando paseas por el Madrid de los Austrias con la novia. En la maravillosa intrascendencia pop. Pa-pa-raaaaa!